La palabra rompe barreras

Rufino ha decidido hoy no encender la televisión y hablar más con la gente y «Desde el balcón», como cada domingo, puntual y sin avisar escribe su columna.

Nadie escucha, tienen preparada la contestación antes de haber oído la opinión del contertulio. Cuando diferentes gentes no tienen razones para rebatir una determinada opinión o idea, optan por la descalificación personal del contertulio o recurren a contestar con frases hechas y socialmente descalificadoras, convirtiéndolas en muros que rompen el diálogo y marcan los diferentes territorios del personalismo.
Esto se da incluso en el seno de las propias familias, es más, en muchos grupos de amistades, para proteger la concordia y permanencia del mismo, optan por autoimponerse una norma que les limite a hablar de diferentes temas, como política, fútbol…etc.
Este comportamiento de gran parte de la sociedad, está fuertemente influenciado, es el reflejo de la vida competitiva e individualista en que vivimos, de los medios de comunicación que vemos y escuchamos, del comportamiento de las diferentes instituciones del Estado, bien estén en el gobierno o en la oposición, no hay gran diferencia entre ellas, su diálogo es escaso.
Todos podemos ver en los diferentes Parlamentos a los oradores recitar como papagallos los relatos que llevan escritos o aprendidos, y que repiten y repiten aunque nada, nada tenga que ver con la pregunta que les han formulado.
El diálogo une o puede dividir a cualquier grupo humano, depende de cómo se le utilice. Es una herramienta que utilizan a la perfección los políticos. Ya lo dijeron los romanos: «divide y venceras».

A lo largo de la historia, y para mantenerse los distintos poderes, su mejor herramienta siempre ha sido dividir al oponente.
Qué poco hemos aprendido. Nos seguimos dejando dividir a través de las herramientas que el poder domina , conoce y utiliza a la con precisión, conoce nuestras debilidades, nuestros egoísmos. Con sus múltiples medios consiguen que caigamos como imbéciles en sus garras.
Lo que termina de pasar en Murcia es ilustrativo: se han comprado y vendido esclavos de lujo a cambio de engordar carteras, de satisfacer egoísmos, a cambio de adaptarse a los nuevos y olvidar las anteriores obligaciones y creencias, a cambiarse de chaqueta y poner sonrisa profidén.
La repercusión de estos hechos en Madrid ha sido de escándalo.

El sistema neoliberal tiene colocada bajo su escuadra a una pimpinela para que defienda y amplíe sus poderes. La han rodeado de un ejército de asesores que la escriben los relatos y los guiones, la ropa que tiene que vestir y hasta las veces que se tiene que reir. Por si fuera poco, el sistema tiene contratado a las gentes más fornidas del grupo de los silenciosos. Les han ofrecido buenos salarios y uniformes a cargo de la empresa, a cambio de que se olviden de pensar, que dominen bien la porra y cualquier otro artilugio de persuasión, por si alguno de los de la masa quiere hablar o desobedecer todo aquello que la Pimpinela ordene.
Desde las barreras surgen voces alertando del engaño, de la jugada macabra en que están sumergidos. Piden a gritos, brazos, diálogos, unidad, pero encuentran a personas cabizbajas, mohinas que, volviéndose de espaldas, comienzan a caminar, preguntándose con la mayor desconfianza: ¿ Y éste que busca?
Hasta los que se dicen progresistas se han dejado atrapar por el sistema, se han creído que ya no son obreros, que atener casa y coche ya pertenecen a la clase media, además, han dejado de beber agua, ya beben cocacola. Otros piensan que hay que estar agradecidos a quién les aprieta el yugo a cambio de un sueldo de miseria, o por que les dan una migaja de pan o un salario, aunque le mantenga en paro.
¿Cómo romper las barreras? ¿Cómo borrar los silencios? ¿Cómo lavar las orejas para poder escuchar, para aprender a dialogar?.

Esta mañana he amanecido con la decisión de no encender el televisor, de hablar con el vecino, de ir a escuchar aquel loco de la plaza que todos los días, grita, vocifera, aquél que se desmelena exigiendo justicia y pan, diciendo que si unimos nuestras manos hallaremos una nueva realidad. Porque nadie es más que nadie si si utilizamos el pensamiento crítico.

Porque si juntamos nuestras manos, nos descubriremos autónomos con capacidad de construir nuestro propio camino.

Si comentamos, hablamos y compartimos, cambiaremos el yo por el nosotros. Comenzaremos a luchar. Nuestra voz, nuestra palabra es la fuerza.

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