La playa de Tarajal

«Desde el balcón» de Rufino esta columna

Fronteras y trincheras para las personas, autovías de explotación para el capital

Hará falta tiempo para que desaparezca de las mentes sensibles las imágenes de la playa del Tarajal: infinidad de niños revoloteando en la mar, mientras en la playa les esperaban soldados equipados con trajes de camuflaje y armamentos, junto a tanquetas de opresión y de guerra.
No era un baño placentero, era un braceo desesperado en busca de justicia, de libertad, de un chusco de pan.
Les habían convertido, sin saberlo, en armas lanzadas por un sátrapa que tiene a su pueblo cautivo, mientras Él vive en palacios, bañándose entre oros y fragancias. Armas para seguir apropiándose de los fosfatos, de la pesca de los mares del Sahara.
Estos niños, estas armas, iban lanzadas contra otros despreciables ricos, de España y de Europa, cómplices de la explotación sahariana , que han abandonado y empujado a este pueblo a la miseria.
No es una metáfora, es una foto de esta sangrante deshumanizada humanidad.

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