Veinte años de aguijonazos y pensamiento crìtico

Las reflexiones de Rufino Hernández «Desde el balcón», nos trasladan al pasado por unos instantes, es domingo y es Rufino con su columna.

Me llaman para acudir al trabajo, a encender la luz del escritorio. Desde el año 2001 en que salió a la calle la primera voz de El Perdigón, hasta hoy, que lo hace con su versión 99, una alta numeración que suena a vísperas, a cifra redonda, a celebración, en estos 20 años de existencia, desde su humildad, pero también con su atrevimiento, se ha convertido esta publicación en una de las más longevas de nuestra ciudad que, a través de su ironía y búsqueda de pensamiento crítico, sigue dando aguijonazos.

Me incorporé a esta publicación en el año 2009, cuando estaba recién llegado a esta ciudad.
Había visto un anuncio sobre el derrivo de la de la casa que hacía esquina entre la avenida de Valladolid y la Plaza Vega. Me sentí implicado y acudí a unirme con los que intentaban impedir el derribo del inmueble. Gritábamos eslóganes y hacíamos coincidir los cantos con los silbidos. No conseguimos el objetivo , pero si los primeros contactos en esta ciudad que, días más tarde, me llevaron al Espacio Tangente. Acudí de la mano de la reivindicación y de la poesía. Estos dos primeros pasos me abrieron el camino que me llevó a El Perdigón.

Durante estos 12 años, El Perdigón ha sido mi tarjeta de visita, me ha permitido aumentar el número de mis amistades, ha sido la Atalaya que me ha proporcionado el conocer la historia de esta vetusta ciudad burgalesa, a la que algunos, a través de sus negocios y baldosas, han querido convertir en veinteañera.

He podido conocer a los diferentes Burgos que conviven dentro de este Burgos, me ha facilitado el convivir con esa parte diferente que se alza más allá de la telefónica y los cuarteles, que se llama Gamonal, un barrio que ha crecido sobre los campos de un pueblo campesino, al albor de un polígono industrial que llegó de la mano de los gobiernos tecnócratas de la dictadura, en esos últimos años de los cincuenta. El dictador optó por su instalación en Burgos, ante una terna de poblaciones que le presentaron, un reconocimiento por haber sido capital del ejército sublevado en el 36, y que tanta sangre derramó por estas tierras durante los primeros tiempos del golpe de estado y después de la lucha armada.

He podido comprender el por qué del crecimiento sin planificación de Gamonal, de sus calles sin salida, de sus laberínticas y angostas vías de circulación, del aparcamiento en doble fila de sus vehículos sin que produzca enojo en los vecinos. Un Gamonal que creció y compartió sus conflictos con un polígono industrial, un Gamonal que, además de ser un gran negocio su construcción, sirvió para el cobijo y reconversión de una población emigrante y campesina, en una sociedad industrial.

Al otro lado de los cuarteles conocí al Burgos vetusto, al Burgos tradicional, al Burgos de la caspa y de las velas, en el que habita esa parte de la sociedad rentista, de la especulación, del pelotazo.

Con el conjunto de estos diferentes Burgos se forma una ciudad viva que, en lo político, tiene sus extremos fuertemente enfrentados: una derecha extrema y provinciana que siente en sus entrañas ser dueña de tierras, bienes, personas y haciendas, frente a un movimiento obrero y ciudadano del que ha nacido una izquierda plural y atomizada, que lucha y pelea por una sociedad más justa y más humana, a pesar de sus divisiones internas.

El espacio del centro derecha está ocupado por una socialdemocracia que siente, negocia, firma y vierte sus simpatías con la derecha, con la que en sus divergencias, solamente llega a los flecos de los problemas, nunca a las raíces de las causas, sin embargo, su actitud ante la izquierda, que en lógica debiera ser su aliado natural, les mira con desprecio, considerándoles sus mayores amigos.

Más allá de las observaciones que me ha proporcionado este mirador, que para mí ha sido El Perdigón, he podido reconocer a Burgos como una ciudad cómoda para vivir, con amplias zonas de floresta que crece entorno a sus ríos Arlanzón y Vena, una ciudad a la medida humana, con una historia importante, de la que hablan sus monumentos, una ciudad en la que habita una buena gente….¡ Si tuviera otra gestión política y municipal!

A %d blogueros les gusta esto: