Mañueco intenta tapar juicios y corrupciones

«Desde el balcón», la columna de Rufino Hernández

A Mañueco se le traba la lengua, no es capaz de digerir tanta contradicción en que navega. Dirigido desde Génova, convocó unas elecciones autonómicas en medio de un pico de la pandemia, queriéndolas utilizár como cortina de humo para tapar sus problemas: La denuncia de la presunta corrupción en que está involucrado; por su nefasta gestión de las residencias de mayores, impidiéndoles acudir a los hospitales; el cierre de ambulatorios rurales; el continuo deterioro de la sanidad, y una cadena de desatinos que estas páginas no tienen suficiente espacio para detallarles, aunque me niego a omitir su cabalgar sobre el bulo de las macrogranjas, llegando al negacionismo, imitando a sus hermanos de la extrema derecha.

Además de este sangrante panorama castellano, Mañueco tenía que obedecer los dictados que mandaba Génova, en los cuales Casado forzaba los mecanismos para acercarse a VOX; necesitaba tapar las corrupciones que día a día espetan sobre su frente, las últimas son las del exministro Zaplana y las camas hospitalarias de Aguirre, a los que hay que sumar la cantidad de juicios que en los próximos meses pasarán por los juzgados.

Mañueco ha asumido el bulo que, contra Garzón, habían organizado los lobbies de la industria cárnica, pero le han estallado en su trasero, no solamente porque se ha desmontado la mentira, sino también porque Europa, la ciencia y el periódico The Guardian han puesto los puntos sobre las íes, aunque Casado y sus inconscientes seguidores han optado por dar un paso hacia delante, hacia el vacío, hacia el socavón.

Este elenco pepero, pensando sacar un rédito electoral en estas próximas elecciones, no ha sabido ver que se han enfrentado al mundo rural, no solamente por el problema de las granjas, sino también por los molinos eólicos, por la sanidad, la enseñanza, los transportes, la despoblación rural, y el abandono de las personas mayores, problemas que ellos mismos han provocado.

Los castellanos y castellanas no tienen fácil escoger la papeleta que echar en las urnas el día 13 de febrero.
Los tradicionalmente votantes del PP, se enfrentan al dilema de votar al mismo partido que, durante 35 años, viene fracasando en su gestión, o votar a Vox, que sería aumentar los mismos problemas.
Los votantes del PSOE, ante las indefiniciónes y dudas de este partido, les temblarán las piernas al sostener en sus manos la misma papeleta.
Unidas Podemos se presenta este año en coalición con ambientalistas y ecologistas, apoyados en su experiencia de gobierno, y en la eficacia de una Yolanda Díaz en auge.
Los de la España vaciada, quieren sumar el descontento del mundo rural, aunque carecen de coordinación autonómica y nacional.
Sean como sean los planteamientos de las diferentes candidaturas, Mañueco tiene difícil tapar el enmarañado universo de sus corrupciones, errores de él y de su partido.

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