Cientos de miles a la Fundación VIII Centenario por no hacer nada, ¿ni un céntimo a la UNED?

Por razones comprensibles, la Fundación VIII Centenario de la Catedral de Burgos, juguete de Méndez Pozo, apenas ha organizado algún acto este año 2020. Mucho menos comprensible resulta el hecho de que el consistorio prevea rebajar en 50.000 euros nada más la enorme asignación originalmente prevista de 750.000 euros.

700.000 euros de dinero público obsequiados a una Fundación cuya programación cultural, en los casos en los que se viene manteniendo, resulta altamente cuestionable. Recordemos el espectáculo pirotécnico organizado en abril 2018, a escasos metros del templo que pretendía celebrar, desafiando las normas elementales de seguridad y de conservación del edificio; recordemos el concierto del pasado domingo, en el que Jordi Savall y Hesperion XXI tocaron en el Altar Mayor frente a los 90 invitados de la Fundación, mientras otras 110 personas que sí habían pagado entrada, relegadas a las naves laterales, “disfrutaban” del concierto a través de una pantalla.

La Fundación VIII Centenario recibirá asimismo, este año de pandemia, 700.000 euros del erario público burgalés por no hacer practicamente nada, y eso, mientras el paro y la pobreza generados por la crisis sanitaria crecen por momentos.

El escándalo es aun mayor si se tiene en cuenta que el Gobierno municipal tiene previsto dejar de financiar en breve la UNED, una institución que sí cumple una importante función de difusión cultural, y lo hace, permitiendo estudiar a personas que no están en situación de matricularse en una universidad presencial. Es más, desde 2017, el Ayuntamiento acumula una deuda con la UNED de unos 500.000 euros. La UNED tiene la matrícula más económica; tiene tutorías presenciales; ofrece la posibilidad de pasar los exámenes sin desplazarse, en la misma ciudad.

La subvención municipal, lejos de los 700.000 regalados este año a Méndez Pozo, suele montar a unos 200.000 euros anuales en función del número de alumnos matriculados. Pero hay que ahorrar, y la UNED no pone Burgos en el mapa, no aporta nada al clero y no satisface ningún capricho caciquil. No es tan importante saldar sus deudas con ella, ni seguir apoyando una opción económica y cercana de acceso a la universidad para la población activa. Eso sí, gracias a la política cultural municipal, las campanas seguirán redoblando por todo lo alto.

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